
Las zarigüeyas no "se hacen las muertas", sino que entran en un coma inducido por el estrés
Cuando se ven gravemente amenazadas, las zarigüeyas entran involuntariamente en un estado catatónico, cayendo de lado, babeando y emitiendo un olor fétido. Esta reacción inconsciente, que dura de minutos a horas, convence a los depredadores de que están muertas y no son apetitosas, un mecanismo de supervivencia verdaderamente extraño.