T. rex tenía la mordida más poderosa de cualquier animal terrestre que haya existido
Tyrannosaurus rex podía morder con una fuerza de aproximadamente 35.000–57.000 newtons, suficiente para triturar huesos y rivalizar con la mordida de los grandes cocodrilos. Estudios de marcas de mordidas en huesos de Triceratops confirman que T. rex consumía médula ósea habitualmente. A pesar de sus temibles mandíbulas, T. rex tenía brazos diminutos que aun así eran suficientemente fuertes para levantar unos 180 kg cada uno.