
Cortar un diamante requiere una precisión y habilidad extremas.
Dada su dureza inigualable, los diamantes solo pueden ser cortados y pulidos por otros diamantes o herramientas láser especializadas. El proceso implica planificar cuidadosamente los cortes para maximizar el brillo y minimizar el desperdicio, a menudo tardando meses para piedras grandes y complejas.